Muchas mujeres me cuentan que los momentos de pánico o agobio que han sentido es lo peor que les ha ocurrido en su vida.

Me atrevo a poner en palabras tu historia.

Un día, de repente, sentiste un miedo muy, muy intenso. Parecía que el corazón se te iba a salir de lo fuerte y rápido que latía y experimentaste otras sensaciones físicas muy desagradables, como calor o escalofríos, mareo, inestabilidad o vértigo, sudor en las manos, temblor, sensación de desmayo u otras. Literalmente creías que te estaba dando un ataque al corazón o que estabas a punto de volverte loca o morir. Muy posiblemente acabaste en los servicios de urgencias, donde tras comprobar tu estado de salud, te dijeron que no tenías nada grave, tan solo se trataba de ansiedad.

¡Qué bien! Ya te podías quedar tranquila. No te había ocurrido nada malo ni grave.

Pero no te quedaste serena. Desde entonces hay pensamientos que invaden tu mente y no te dejan en paz: ¿de verdad que solo es ansiedad? Cuando siento esto, ¿seguro que no me está pasando nada malo? ¿Y si me vuelve a pasar, qué hago? Me siento muy mal y no la puedo controlar.

Sé que tu problema es que a partir de aquel día, tu vida no es la misma y vives con el miedo a que se repita y quizás, se repiten con cierta frecuencia. Ahora has dejado de hacer determinadas cosas para prevenir que te vuelva a ocurrir y vives con intranquilidad constante. Has desarrollado miedo al miedo.

Para que puedas disipar tus miedos irracionales y convencerte de que no existe ningún peligro real, necesitas comprender lo que te pasa. Conocer cuál es el mecanismo del pánico, reconocer sus síntomas y saber lo que te ocurre, es esencial. Aprenderás a identificar cómo interpretas lo que te sucede para dejar de hacerlo erróneamente. Esto te ayudará a comprobar que efectivamente solo tienes ansiedad.

Mi propósito con este artículo es que dispongas de información clave y de un nuevo marco de referencia desde el que entender qué es el trastorno de pánico, cómo se origina, por qué aparece en un determinado momento en tu vida, cómo llega a convertirse en un problema y qué factores contribuyen a mantenerlo. Esto te permitirá tener un mayor control sobre tus pensamientos negativos y modificar las interpretaciones equivocadas que te impiden deshacerte de la ansiedad. Quiero que esta valiosa información te ayude a reducir tu ansiedad, cambiar tu comprensión y aumentar tu confianza para manejar con éxito la situación.

¿Seguro que solo es un ataque de pánico?

Para que puedas identificar un ataque de pánico, has de conocer en qué consiste y cuáles son sus características.

Es un miedo muy intenso que aparece de forma inesperada y repentina, sin saber por qué, acompañado de sensaciones físicas muy desagradables. Se produce por una activación rápida y brusca del sistema nervioso simpático y una fuerte hiperventilación. Recuerda esto que te acabo de decir. La hiperventilación es la responsable de todas esas sensaciones junto a una gran tensión muscular acumulada.

Las sensaciones físicas que pueden aparecer son algunas de estas. Mira cuáles son las que tú experimentas:

◦ palpitaciones
◦ sudoración
◦ temblor o sacudidas
◦ sensación de ahogo o asfixia
◦ dolor o presión en el pecho
◦ náuseas o malestar abdominal
◦ sensación de mareo, inestabilidad, aturdimiento o desmayo
◦ escalofríos o sensación de calor
◦ sensación de entumecimiento u hormigueo
◦ sensación de irrealidad o de sentirte extraña

El miedo gira alrededor de uno de los siguientes temores, que se basan en una interpretación equivocada y catastrófica de las sensaciones corporales:

◦ Perder el control, volverte loca o actuar de manera embarazosa y humillante frente a los demás.
◦ Estar sufriendo un infarto.
◦ Tener un derrame cerebral.
◦ Asfixiarte.
◦ Desmayarte.

Pero tranquila. Nada de esto te puede ocurrir.

Los ataques de pánico son muy comunes, pueden aparecer en cualquier trastorno de ansiedad. También pueden ocurrir de manera aislada sin la presencia de otro problema. Cuando ocurre de forma episódica, no tiene por qué tener ninguna repercusión en la vida de las personas que los experimentan. Ocurrió una vez y ahora sólo es un mal recuerdo.

Hasta aquí todo bien.

Pero, a veces, sí se convierten en un trastorno y conlleva una mayor limitación. Vamos a ver cómo ocurre esto.

¿Cómo se convierte un episodio de pánico en un problema? El círculo del pánico

Es importante que sepas cómo reacciona tu cuerpo ante un episodio de ansiedad para que entiendas cómo se convierte en un problema importante.

1. El momento del episodio de pánico.

Experimentaste una serie de sensaciones corporales muy desagradables que no podías controlar. Te asustaste y una gran ansiedad se apoderó de ti porque pensaste que eran la señal de que algo terrible te estaba sucediendo. En realidad interpretaste de forma equivocada esos síntomas, como indicador de que algo estaba mal en tu cuerpo o en tu mente. Esos pensamientos aumentaron aún más esas sensaciones y el pánico. En ese momento no tenías control sobre tus emociones y tampoco capacidad para recurrir a la razón y valorar con más realismo tu propio estado físico y emocional. Te dejaste llevar por un montón de pensamientos sin pararte a ver si eran realistas o razonables.

Normalmente, esta es la asociación que las personas que experimentan pánico hacen entre la sensación y el pensamiento:

sensación física interpretación errónea
palpitaciones

presión en el pecho

ataque al corazón

estar muriendo

sensación de irrealidad volverse loco

perder el control

sensación de ahogo asfixia
sensación de atragantarse asfixia por atragantamiento
sensación de mareo o inestabilidad

vértigo

desmayarse
visión borrosa quedarse ciego

derrame cerebral

temblor en las piernas desmayarse

caerse

parestesias perder la salud física

2. Tras el episodio de pánico.

Se convirtió en un problema si, a partir de entonces:

• Vives con la preocupación de que te vuelva a ocurrir. Te pasas el día con ansiedad y miedo a que se repita. Esta ansiedad que anticipa un futuro episodio de miedo te mantiene en un estado de elevada activación fisiológica y de vigilancia y alerta. Centras tu atención en las sensaciones corporales para realizar una rápida detección de cualquier cambio que consideras anormal. Has generado una hipersensibilidad a las sensaciones corporales. Es un proceso automático e inconsciente, que provoca tensión muscular frecuentemente. Y CUIDADO, la tensión muscular, a su vez, junto al proceso de la hiperventilación, como te he comentado anteriormente, puede provocar ese tipo de sensaciones físicas, que si sigues interpretando erróneamente, te pueden llevar a experimentar una nueva crisis de ansiedad espontánea.

• Evitas actividades, situaciones o lugares por el temor a su repetición. Anticipas la aparición de ansiedad si te vuelves a encontrar en la misma situación en la que ocurrió la primera crisis. Si ocurrió en un tren, será una de las situaciones que ahora evitarás. Solo el hecho de pensar en que has de viajar en tren, te provocará ansiedad. Evitar o escapar de las situaciones donde crees que puedes volver a sufrir una crisis de ansiedad es muy habitual. Las situaciones que seguramente estén entre las que evitas pueden ser una de estas: estar sola dentro o fuera de casa, encontrarte en medio de una multitud, utilizar medios de transporte, cruzar puentes, usar ascensores, etc.

Has dejado de realizar determinadas actividades que pueden provocar algunos de los síntomas que temes, como por ejemplo, hacer deporte. O has empezado a hacer otras de manera diferente para sentirte seguro ante la posibilidad de futuros episodios de pánico. Por ejemplo, ir acompañado, saber dónde están los hospitales cercanos, llevar un ansiolítico, consumir alcohol, etc.

Cada una de estas características tiene que ver con los tres niveles de la ansiedad:

Fisiológico. Se produce una hiper-activación del sistema nervioso simpático. Provoca una respiración alterada, la típica de los estados de ansiedad, rápida y superficial, desde el pecho. Es la responsable de las sensaciones corporales. Puedes aprender a regular tu respiración leyendo este artículo.

Pensamientos e imágenes mentales. En este nivel están las creencias acerca de lo que piensas que es o no peligroso y de tus capacidades para afrontarlo. Se produce una interpretación catastrófica de las sensaciones físicas. En lugar de reconocer, quizás porque no lo sabías previamente, que se producen por la hiperventilación y que se trata de ansiedad, piensas que te está ocurriendo algo mucho más grave.

Conducta, en forma de evitación o escape de la actividad que estés realizando.

¿Cuál es el origen?

La chispa que hace prender la mecha de la ansiedad es el estrés. El estrés es el principal desencadenante de la crisis.

Estás sometida a un nivel de tensión, que sube y se acumula hasta que un día, de repente, sin motivo aparente, se dispara un ataque de pánico. A partir de ese momento, el foco de atención pasa del problema que no sabes afrontar, a la ansiedad y te parece que tu único problema, el problema que has de resolver, es la ansiedad. Realmente hay otro problema de fondo, escondido, que es el que has de resolver.

¿Qué problema estás tratando de evitar? ¿Qué persona o situación no sabes manejar? Quizás se trata de que no sabes poner límites en las relaciones con los demás, o te exiges un nivel de perfección inalcanzable, o trabajas hasta agotarte, tienes un exceso de responsabilidades o cargas familiares, etc. No sé cuál es tu problema de fondo, lo que sí sé es que vives con un estrés elevado.

Es importante que descubras qué fuentes de estrés están activas y desarrollar recursos para hacerles frente. De lo contrario, seguirás teniendo ansiedad.

Durante el episodio de pánico se producen los mismos cambios que aparecen ante un peligro presente del que defenderse. El problema es que el peligro no es real, no existe. Se trata de una falsa alarma. En la ansiedad se dispara miedo intenso cuando no hay motivo.

Al no existir una amenaza real externa, pones tu atención en las propias reacciones corporales y en la situación en que se producen y aparece el miedo a morirse, enloquecer, perder el control, tener una enfermedad, etc. Esto te ocurre porque esos síntomas no los puedes explicar por las circunstancias externas. Esto puede provocar que a partir de ese momento, el miedo se asocie a las sensaciones físicas de la ansiedad y/o al lugar en que se ha producido. En el caso de haberse dado un primer ataque de pánico en un tren, puede ocurrir que temas a que te vuelva a ocurrir de nuevo en esa situación.

En resumen:

El trastorno de pánico consiste en la aparición repentina de miedo intenso ante sensaciones físicas de activación que has malinterpretado de forma catastrófica como señal de que tu salud física o mental se ve en inminente peligro. Y vives preocupada y limitada por el miedo a que se repita un nuevo ataque.

Qué estrategias contribuyen a mantener el pánico

Sin darte cuenta, tu forma de hacer frente al pánico, puede contribuir a mantener e incluso agravar el problema que quieres solucionar.

Vigilar los cambios corporales y prestar más atención a las sensaciones físicas. Al prestar mayor atención a las sensaciones corporales y cualquier cambio que pueda ocurrir a este nivel, experimentas con mayor intensidad cambios que antes te pasaban desapercibidos y que suelen pasar desapercibidos al resto de las personas. Esta vigilancia se llega a hacer automática e inconsciente y te lleva a reaccionar con miedo a cualquier cambio corporal mientras estás realizando cualquier tarea e incluso mientras estás durmiendo. Cuando estás dormido, tu atención sigue funcionando y si detecta una sensación temida, puede provocar la ansiedad.

Las medidas y conductas de seguridad que adoptas para evitar la catástrofe temida. Llevar medicación ansiolítica por si ocurre la crisis, ir acompañado, llevar determinado objeto, etc., te impide desmentir tus expectativas catastróficas, porque piensas que no ha sucedido nada gracias a ellas.

Evitar determinadas situaciones. También te impide desmentir la validez de las interpretaciones y expectativas catastróficas, ya que al no exponerte a las actividades o situaciones temidas, no puedes comprobar que no se cumplen.

Escapar y evitar solo sirven para aliviar momentáneamente la ansiedad, pero no la resuelve. Lo que sí consigue es que estés cada día más limitada y mantener el problema. Estas dos estrategias merman tu autoestima y tu confianza en tus recursos personales porque te confirman lo mal que estás y lo poco que puedes hacer para salir de del pozo en el que te encuentras. También provoca conflictos con los demás y más estrés.

En este artículo te he hablado acerca de…:

  • Qué es un ataque de pánico: miedo intenso y repentino que aparece acompañado de sensaciones físicas muy desagradables que se interpretan de forma equivocada y catastrófica como señal de que algo marcha mal en el cuerpo a nivel físico o mental.

  • Como un ataque de pánico puede convertirse en un problema: el círculo del pánico.

  • Cuál es el origen del pánico: el estrés como principal desencadenante de la crisis.

  • Las estrategias que con el fin de evitar futuros ataques de pánico, contribuyen a mantener el problema.

Y tú, ¿qué cosas has dejado de hacer o haces de forma diferente para evitar los ataques de pánico? Cuéntamelo en los comentarios, ¿te parece?

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Concha Martínez

Concha Martínez

Soy Concha Martínez, psicóloga especializada en ayudar a mujeres con ansiedad a liberarse de sus miedos y preocupaciones para que se sientan capaces de hacer frente a las situaciones que en estos momentos temen y tomen las riendas de su vida.

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